El peligro invisible de fumar, incluso años después
Si fuma, ya conoce de sobra el riesgo de padecer cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas y afecciones respiratorias en el futuro.
Pero fumar causa estragos ocultos, que afectan al cuerpo mucho más profundamente de lo que se creía anteriormente.
Exploremos por qué dejar de fumar sigue siendo fundamental a cualquier edad, pero especialmente después de los 50, ya que las defensas naturales disminuyen con el tiempo.
Haciendo más débiles las defensas
Supongamos que unos intrusos saquearan su casa repetidamente porque usted dejó las puertas abiertas y desactivó el sistema de alarma.
Esto refleja lo que fumar le hace a la función inmunológica, que es esencial para la salud y la longevidad.
Dos componentes clave gobiernan la inmunidad: los “primeros intervinientes” que se enfrentan rápidamente a los patógenos, y los “guerreros especializados”, que adaptan sus defensas a la amenaza.
Y un nuevo estudio llevado a cabo por la unidad de Inmunología Traslacional del Instituto Pasteur, en Francia, confirma que fumar perjudica gravemente a ambos.
Cuando esto sucede, los sensores se vuelven incapaces de identificar intrusos, como bacterias y virus. Y las armas comprometidas no destruyen adecuadamente a estos invasores una vez detectados. En conjunto, la susceptibilidad a infecciones y otros trastornos aumenta con el tiempo.
Dejar de fumar genera cierto fortalecimiento, pero la recuperación completa lleva años. Y seguir fumando después de los 50, 60 ó más deja a la persona cada vez más vulnerable, al igual que la edad debilita aún más las defensas.
Más allá del último cigarrillo
Este es quizás el “efecto secundario” más insidioso del hábito de fumar: paralizar la capacidad del cuerpo de defenderse.
Y mucho después de apagar el último cigarro, el daño persistente sigue cobrándose un precio monumental.
¿Cómo se traduce esta erosión inmunitaria en la vida diaria? Mayor riesgo de infecciones, incluyendo episodios recurrentes de neumonía, infecciones urinarias o problemas de la piel que las personas sanas combaten rápidamente.
Con el paso de los años, la falta de una rápida resolución de la inflamación también crea un terreno propicio para la agravación de enfermedades crónicas, desde la artritis hasta la demencia.
Medidas prácticas de prevención
Fortalecer el sistema inmunitario a medida que envejecemos es complicado. La genética y las exposiciones previas influyen significativamente en el buen funcionamiento de nuestras defensas. Pero usted puede implementar cambios prácticos relacionados con su estilo de vida que pueden ayudar a reforzar las defensas del cuerpo contra las infecciones.
Cosas como el manejo del estrés, tomar alimentos integrales ricos en nutrientes, la suplementación específica y la actividad física moderada y constante pueden tener un impacto gradual pero significativo. Incluso si en el pasado tuvo hábitos menos saludables (como fumar), intensificar los hábitos que fortalecen su sistema inmunitario hoy puede ser muy beneficioso.
Pero lo importante es que, si fuma, intente dejar de hacerlo, tenga la edad que tenga. Así que considere mi texto de hoy como un empujoncito si aún fuma: déjelo. Los años venideros se lo agradecerán.